
The sleepy me. Zoe took this picture. It’s now that I wonder from where the fuck came out that cat. I think it’s lizzie’s cat. What was it doing in my bed? Good question.

SENOIA, GEORGIA.
Él ha leído mi diario…
-Solo.. -él empezó a ponerse nervioso en el momento en que notó que ella se ponía nerviosa. Bien Adam, para no variar, la cagas. Era estúpido, no debió haber leído nada, pero ahora no podía cambiar el hecho de que si lo había hecho -Las últimas páginas, no quería.. chafardear, solo sentía curiosidad por si hablabas de mi porque.. Bueno, no se me da muy bien decir lo que siento y solo pensaba que quizá a ti tampoco y tal vez podía encontrar algo allí y.. ¿No puedes tener hijos? -volvió a preguntar, mirándola con preocupación y pena a la vez -Lo siento -reaccionó parpadeando y se levantó del sofá, sin decidirse hacia dónde encaminarse -No debí haber leido nada, no es asunto mio -se decidió por la cocina y cruzó como una bala el salón. Estupido, estupido, se dijo.
-No, no lo es -sentenció tajante, y pronto, deslizó sus manitas para dejar en vista sus ojos algo llorosos. Su piel blanca, seguía acalorada. Zoe Williams suspiró, y pronto estiró las piernas para finalmente voltearse a mirarlo -Pero no importa, algún día lo ibas a saber, sólo que… tal vez no era la manera -dijo comprensiva, frunciendo el ceño ligeramente, deteniendose en las baldosas con un gesto de concentración. Todo para no mirarlo al rostro. Le daba verguenza ajena lo que escribía -Yo te quiero. Muchísimo -añadió por si fuera poco, alzando la vista para encontrarse con la de él a la lejanía -Tanto que comienza a dolerme, y no me animaba a… decirlo. Por eso escribo. Evado mi realidad, pero después la vuelco a la hoja escribiendo como una niñita. Por eso me desesperé, porque al fin y al cabo, no tengo nada que ocultar -dijo, haciendo una pausa para luego relamerse los labios. Las palabras que iba a decir a continuación, ya le cortaban la garganta como mil dagas -No, no puedo tener hijos. Hace casi dos años, un… un demonio abusó de mí -y sin poder mantener la postura, una vez más, Zoe bajaba poco a poco para quedar de cuclillas, con los ojos cerrados fuerte para evitar las imágenes reproduciéndose en su cabeza -Me había lastimado tanto con sus dagas después, que destruyó un ovario y gran parte del otro. Me dijeron que tengo pocas posibilidades de concebir, por no decir ninguna -comentó a la ligera, encogiéndose de hombros para restarle importancia a sus propias palabras. Despegó sus párpados para verlo a Adam, y luego, dibujó una sonrisa en su rostro tintada de una amargura que no pudo preever.
A él podían cortarle de mil formas diferentes, arrebatárselo todo, que le dolería. Pero no entendía porqué si la que sufría era Zoe, le dolía mucho más. Era como si fuese capaz de empatizar su dolor y su alma quisiese arrancárselo y quedárselo él.. Aunque físicamente fuese imposible.
-Damn -susurró, acercándose a ella a paso dubitativo hasta que dobló una pierna para apoyar primero una rodilla y después la otra, en frente de ella -I’m so sorry.. I. I didn’t want you to remember that. I’m an asshole. Realmente lo lamento.. No debí preguntar. Yo soy.. -suspiró, llevando una mano a la mejilla izquierda de Zoe -Un desastre en las relaciones, eso explica que ninguna haya sido duradera pero. Solo quería.. Me preocupo por ti ¿Sabes? Me importas. Haré lo que sea para arreglar esto.. Te juro que tendrás una familia.
La comisura izquierda de la morena, subió ligeramente en su rostro a modo de sonrisa.
-No eres un idiota, eres todo menos eso, cariño -murmuró, y al igual que él alzó una mano para, de una pasada, acariciar su mejilla delicadamente -Y descuida… Dicen que hace bien hablarlo, ¿No? -y queriendo reír, consiguiendo nada más que una especie de gruñido, se puso de pie llevándolo a él con ella para terminar por entrelazar sus manos detrás de la nuca de Adam, apegando su pecho al de él. Inconscientemente, los dedos de su mano derecha se colaron por el cabello de Adam, y comenzó a jugar con él -A parte, si tú eres un desastre ¿Qué me queda a mí? -preguntó con picardía, apegando sus labios a los de él por unos cuantos segundos, para luego separarse lo suficiente como para perderse en sus ojos -Ya haces demasiado por mí, no necesito un hijo, no por ahora.
-I know you don’t.. We’re young -contestó, y rápidamente ladeó la cabeza -I mean you’re young.. I didn’t mean we.. -suspiró. No entendía porqué se ponía tan nervioso, seguramente hablar de niños no era algo que le hiciese bien en ese momento, pero si algo no pasaba por el juicio de adam eran las injusticias, y siempre estuvo convencido de que cuando algo no está bien, uno tiene la obligación moral de arreglarlo, cueste lo que cueste. Y hacer pagar a quién deba pagar el precio y las consecuencias -You will someday -acabó por aclarar, inclinando la cabeza hacia delante para dejar su frente contra la de ella -And you deserve that right. You own -corrigió -That right.. Y voy a arreglarlo. No mereces eso -fregó su nariz contra la suya en una especie de beso esquimal, apenas esbozando una sonrisa -Tengo que equilibrar la balanza nena. Todo el mal que seguramente voy a causarte por ser quién soy, tiene que estar a la par del bien que sea capaz de hacerte. Eres mi chica ahora. Y mis chicas deciden si quieren o no ser madres, no el destino o un hijo de perra que se pasó de la raya.
Fuera de la casa, en aquella calle del pueblo de Senoia dónde vivían prácticamente todos los integrantes de la familia Stevens, un muchachito de unos nueve o diez años avanzaba cabizbajo al estar sus ojos concentrados en el mapa que llevaba consigo en las manos, apenas abierto pues la suave pero constante brisa que soplaba en aquella pequeña villa de Georgia lo revolvía y doblaba. Fue al detenerse en frente de la casa número 048 que alzó la mirada, y sonrió.
-¿Estás segura de que quieres ponerle nombre a esto? -bromeó Adam, aún abrazado al cuerpo de Zoe Williams como si estar en medio del salón envolviéndola en sus brazos fuese su pasatiempo favorito -Ya sabes lo que dicen.. Ponerle nombre a las cosas significa que aceptas lo que significan y que.. Bueno, vamos en serio -pasó una mano por un mechón de su pelo para echárselo detrás de la oreja mientras se mordía el labio -¿Vamos en serio, señorita Williams?
Puso los ojos en blanco cuando escuchó el timbre de la casa.
-No abras. Es mi hermano. Seguro.
Mientras Adam hablaba, Zoe le había mantenido la mirada risueña encima, permitiéndose perderse en los ojos verdes de él… hasta que sonó el timbre. A diferencia de él, ella parecía continuar en la burbuja que los envolvía. Acarició la nuca de Adam mientras carcajeabba al verle el gesto, y arrugó el entrecejo.
-Que feo eso de no atender a mi cuñado, eh -bromeó, al igual que él, sólo que poniéndose seria, porque ella más que nada se manejaba con el sarcasmo al bromear. No dudó en atrapar los labios de Adam con los suyos para separarse apenas y mirarlo a los ojos una vez más -Estoy más que segura. Yo no me cabe en el cuerpo lo que sient… -y otra vez, el timbre los delataba -Fuck sakes -masculló Zoe, echándole un vistazo a la puerta -Atiende, ¿si? Luego lo hablamos bien -dijo con una sonrisa que pronto se deslizó en su rostro, traicionándola. Estaba feliz, demasiado, y eso se notaba -Estoy… -y se miró el cuerpo, notando que estaba vestida con un bóxer de mujer y una camisa que estaba mal abotonada, pero que no dejaba de sentarle sexy -Estoy con el pijama -y riendo silenciosamente, alzó la cabeza para dejar un beso sobre la nariz de Adam, y sin despegarle la mirada, fue al baño una vez más, tomando la mochila de pasada para cambiarse allí.
Con una sonrisa en la cara y los ojos siguiendo los pasos de Zoe hasta que ésta se metio en el baño, Adam se giró dejando ir un silencioso silbido y arrastrando los pies se encaminó a la puerta. Iba a darle de ostias hasta en el carnet de identidad a su hermano por interrumpir ese momento.
Malhumorado abrió de un tirón tras girar el pomo y su insulto o queja verbal se quedó en su garganta sin salir, aunque hubiese abierto la boca. ¿No había nadie?
-Abajo -se escuchó una vocecilla gentil y suave.
Jones enarcó las cejas a medida que bajaba la mirada. Vio a un niño de no más de 10 años sonriendole con simpatía. Cargaba con una mochila que a simple vista se veía ligera, y llevaba lo que parecía un mapa enrollado entre sus manos.
-¿Puedo ayudarte en algo enano? -preguntó el cazador, dejando el peso de su cuerpo contra el brazo que había apoyado en la puerta.
-Creo que la pregunta es ¿Puedo ayudarte yo a ti? -contestó el niño, aún sonriente pero ahora además, entrecerrando los ojos con misterio.
-Ay Josh, que bueno que has veni… -había dicho Zoe con entusiasmo, casi a los gritos al recorrer el camino hasta la puerta tan rápido que las piernas se le atropeyaban de tan largas. Ahora la cazadora vestía un short, zapas all-star de cuero negro y una remera que rezaba contínuas veces games.. Al principio se enserió al ver, por encima del hombro de Adam que obstaculizaba el umbral, la figura de un niño con el cabello oscuro y piel extremadamente blanca -Oye, tú no eres Josh -dijo tan peculiar como solía ser con los niños, alzando un dedo para señalarlo -¿Qué pasa, peque; está todo en orden?
Adam se cruzó de brazos expectante a la respuesta del que había llamado a la puerta de su “hogar”. Genial, a la mierda el momento solo porque un niño tenía ganas de llamar a las puertas.
-Me llamo Noah -la mirada del niño se intercaló entre ambos adultos, y antes de añadir sonrió -I’m your son.
La expresión de Jones se heló al instante. Empalideció. Su corazón dejó de latir. ¿Que era su.. qué? Fue incapaz de reaccionar, ni si quiera un parpadeo. La sonrisa que Zoe había dibujado sobre sus labios al ver al niño allí, fue desapareciendo poco a poco en su rostro, suplantando el gesto por uno totalmente incrédulo y muy parecido al de Adam.
Y luego de unos cuántos segundos, optó por reír frenéticamente. Sintió, que sus orejas quemaban; sí, era claro que estaba colorada como un tomate otra vez, producto de los nervios que habían invadido su cuerpo al escuchar tal cosa.
SACRED BLOOD | SEASON FINALE
GUESS WHAT? Part II (Click to read part I)
Eran alrededor de las cuatro y media de la madrugada. La pequeña ciudad estaba sumida en el caos, y aunque en aquella zona el alboroto no era tan exagerado como unas cuadras de allí estaba siendo, Adam sugirió aparcar el coche en un callejón y no en plena calle. Esa gente estaba falta de varios tornillos, no era su auto pero respetaba los vehículos, no tenían porque sufrir daños.
Alumbró con la linterna la fachada de la casa de la víctima, las cintas amarillas ya no estaban colocadas en la puerta, es decir, el lugar ya no estaba precintado. Eso significaba que la policía había terminado su investigación allí y tenían vía libre.
El cazador forzó la vetana mientras Lay alumbraba con su linterna cerca de sus manos para darle buena visibilidad, y una vez lo logró, se metió como una serpiente dentro de la casa. Silencioso y flexible. Tomó la linterna cuando Lay se la dio para poder entrar, y aprovechó mientras esperaba para alumbrar lo que parecía ser el salón. No había nada fuera de su lugar, todo parecía impecable.
Todo parecía impecable, pero Lay puso mala cara ante la decoración de la misma. Era demasiado… blanca, o en esos tonos. Estaba acostumbrada a que su casa tenía casi un color diferente por habitación: azul para los niños, más rosa para Riles y naranja para Althea. Su habitación tenía tonos violetas, y tenía lámparas que reflejaban colores. No le gustaban mucho las cosas sin color.
Y la casa tampoco era muy grande, sólo dos pisos. No sabía donde estaba su despacho, pero todo profesor tenía uno y estaba segura de que allí se encontraban todos sus trabajos.
Siguió a Adam con cuidado, observando cada rincón.
-¡Mira, fue a Grecia! -le señaló una foto que estaba colgada en una de las paredes, donde se podía ver a Michael Schmidt junto a un templo griego -Siempre quise ir a ese lugar.
Adam enarcó las cejas apuntando con su linterna también la enorme foto/cuadro.
-Me too, siempre me pareció excitante todo el tema de pompeya. La gente se quedó tal cual estaba cuando llegó la lava del volcán, shitty day dirían algunos -se encogió de hombros y se detuvo a los pies de la escalera, apuntando con la luz hacia arriba -Yo digo que el despacho está arriba. Echa un ojo, yo miraré en la cocina y el sótano -golpeó su brazo un par de veces sin ser agresivo y le pasó por el lado poniéndose en marcha, sacando su medidor del bolsillo.
-Adam, Pompeya está en Italia -resopló Lay, como si la hubiese ofendido con semejante cosa. De todas formas soltó una risa y siguió hacia donde estaba la escalera, apagando la linterna y dejando una llama de fuego volando a su lado para que la alumbrase. Subió con cuidado y fijándose a ambos lados del pasillo una vez estuvo arriba. Fue fácil encontrar el despacho, que estaba abierto y al final de su derecha. Podía espiar una gran biblioteca y unas cuantas ‘reliquias’ -Freak- susurró, mientras avanzaba.
Una vez dentro, se distrajo un momento observando los libros que tenía. Había algunos en griego antiguo, pero otros tenía titulos interesantes acerca de ninfas, mitos y monstruos de la Antigua Grecia. Los agarró todos para llevarselos con ella.
Jones por su parte no encontró nada que pudiese darle alguna pista o idea para la investigación, así que acabó sentado en la mesa de la cocina, al lado del frutero vacío, comiendo un bollo que había encontrado fresco en el frigorifico. Lay tardaba, por lo que quizá hubiese tenido más suerte que él.
Escuchó un chasquido. No pudo descifrar de dónde venía, pero si se puso en estado de alerta. Tragó lo que masticaba y se bajó de un salto de la mesa, desenfundando su pistola, aunque la mantuvo abajo, sin alzarla por el momento, no había nada a lo que apuntar.
-Don’t be a dead rabbit -susurró para si antes de tomar coraje y empujar la puerta del sótano. Las típicas escaleras bajando. Pulsó el interruptor de la luz, las principales de la casa llamarían la atención del vecindario, pero no las del sótano. No obstante, no tuvo suerte. Fundidas -Typical -susurró para si, prendiendo la linterna. Comenzó a bajar paso a paso.
Layla, por su parte, había pasado un buen rato dando vueltas en la silla de aquel escritorio. Era demasiado cómoda, y además… bueno, daba vueltas. Amaba las sillas que daban vueltas.
Finalmente pensó que era hora de ponerse seria y se detuvo para comenzar a abrir los cajones de aquel mueble, fijandose entre los papeles a ver si había algo que le interesase. Cuentas, exámenes, cartas…
Soltó un suspiro, y pasó a otro cajón. Este sólo tenía un trabajo que parecía terminado, por lo que pudo leer en la primera hoja, una investigación acerca de… ¿Esfinges?
-Freak -soltó una vez más, pero agarró aquello y se estiró hacia atrás, dejando los pies en la mesa y comenzando a hacer una rápida lectura de las primeras páginas. Eran demasiadas, pero bueno.
-If you’re a rabbit… -volvió a hablar Adam, bajando el último escalón para terminar pisando al fin el suelo del sótano. Alumbró, nada más que estantes con utensilios de toda clase, desde cuencos con pintura hasta viejas cajas llenas de polvo -I’m not your Alice -avanzó, llamándole especialmente la atención una de las paredes. Había algo escrito.
A medida que se acercaba y la luz de la linterna podía alumbrar mejor, fruncía más y más el ceño. ¿Qué… diablos? ¿Qué eran todos esos números? ¿Y todas esas anotaciones?
-I should have paid attention in highschool -murmuró, inclinando la cabeza a un lado.
Pero deprisa se dio vuelta al sentir algo moverse tras él. Entonces si alzó su arma, apuntando hacia dónde su linterna iluminaba.
-Who’s there!?
-Blablabla, Edipo, blabla… Layo.. I’ve read this in college, and high school! -bufó la cazadora, echándose nuevamente hacia atrás un tanto frustrada. No estaba para leerse un trabajo completo -Okay, here we go -volvió a sentarse algo mejor, pero cuando lo hizo, unos cuantos papeles sueltos cayeron de aquella carpeta a sus piernas. Enseguida dejó el trabajo sobre el escritorio y tomó lo que se había caído para echarle una ojeada. Frunció el ceño al notar que era una especie de acertijo. Hablaba de casas, y nacionalidades, colores. Nada que ella entendiese por el momento. Por lo tanto, pasó a la otra hoja, y eran puros garabatos. Cuentas, re-cuentas… -Enigmas… -frunció el ceño, y se arrimó al escritorio tan rápido como pudo, buscando algo en el trabajo del profesor Schmidt.
Todo el movimiento que había sentido aparentemente se había desvanecido, pero podía sentir el frío.. la corriente. ¿Corriente? Apenas giró sobre sus pies y alumbró algo más hacia arriba. La ventana que era una especie de salida de emergencia estaba abierta.
-That’s not good -se susurró para si Jones.
Comprobó su teoría cuando nuevamente notó algo moverse cerca de él, veloz, audaz, invisible. Intentó seguir aquella sombra con su linterna pero la oscuridad siempre era más rápida que la luz, escondiéndose en las tinieblas del sótano.
-Who’s there!? -volvió a preguntar, sin paciencia -No!!! -bramó cuando esa cosa, lo que fuese que era se le lanzó encima, arrojándolo al suelo. Levantó los codos para alejar a lo que parecía ser una mujer, no podría determinar la edad por lo pálida y deteriorada que estaba su piel, sin contar con que más que querer saber la edad que tenía deseaba saber qué diablos estaba mal con ella. ¿Estaba intentando morderle? -Get the fuck away from.. -apretó los dientes, acababa de morderle en el hombro.
Alzó otra vez el codo esta vez en un golpe certero y retrocedió una vez sentado para alejarse de ella. Recogió su pistola que perdió en el impacto y disparó sin dudarlo un momento, al carajo con la humanidad si es que era humana, acababa de morderle, no estaba para andarse con misericordias.
Desde arriba, Layla no parecía haber escuchado absolutamente nada, pues estaba enfrascada en leer una parte en especial del mito de Edipo. Y por loco que pareciese, estaba todo allí. Tenía la maldita respuesta en sus manos. Alzó la mirada hacia el frente, buscando a Adam pero cierto que no estaba allí. Estaba emocionada y casi feliz de lo rápido que podrían terminar aquello. Guardó las hojas que se habían caído en el trabajo, y tomó este junto a los libros, mientras salía de allí casi corriendo.
-¡Adam, Adam! -gritaba, bajando las escaleras -¡Adam, tengo la respuesta! -como no lo vio en la cocina, ni en el salón, se fue hacia la zona del patio; pero nada. Volvió sobre sus pasos -¡¿Adam?!
-Fuck my life -espetó con todo su enfado el cazador. Desvió la mirada hacia las escaleras al escuchar los gritos de su cuñada -Fuck my life -repitió, poniéndose en pie. Se sostuvo el hombro y le echó un ojo a la mordedura, por suerte sobreviviría, no había sido más que un mordisco, aunque esa perra le había arrancado parte de la piel -Do I taste good!? -preguntó al cadáver de la chica, furioso, acribillándola con la mirada. Y dio un salto hacia atrás cuando el cuerpo de la mujer se convulsionó a pesar de estar convencido de que había acabado con ella -Crap!! -estiró su mano volviendo a apuntar y descargó el arma en el cadáver -Stay fucking dead!
Eso si lo escuchó. Tiros.
Salió disparada hacia el lugar de donde provenían, pero después tan sólo decidió aparecerse al lado de Adam. Cuando lo hizo, dio un salto al costado al ver el cadáver de una mujer a su lado. Miró a Adam, sin entender demasiado y comenzando a desesperar.
-Why did you kill a woman!??! -gritó de repente, casi sin pensárselo.
-What?! -Adam, asustado por escucharla repentinamente a su lado intercaló varias veces su mirada entre Lay y la chica-muerta -Are you kidding me!? She fucking bit me!
-So?! -soltó, pero enseguida se acercó a él a ver aquella herida, haciendo una mueca de asco -She wasn’t a zombie, right? -preguntó, alzando la mirada apra verlo a la cara.
-Ah.. -el muchacho frunció el ceño y señaló con el cañón de su pistola el cadáver -I don’t know.. she was acting like one -y de pronto su expresión se heló -Oh chesus.. Am I gonna become a Zombie!?
-I know! That’s why I’m asking you! -pero entonces se apegó a él, rompiéndole la remera de un tirón y reposo los labios sobre la herida, comenzando a succionar -I saw …this on tv!
Pero tan pronto Adam la vio acercarse así y sintió sus labios en su brazo, la alejó de un empujón.
-Stop fucking doing crazy things!!!! -la señaló con un dedo, tenso -Are you nuts!?! What if it’s for real a zombie poison!? I’m gonna die anyways ‘cause I’m suicidal, but you.. I rather die by myself than being murdered by Josh -se acercó al cadáver y se agachó, inspeccionándolo -She looks.. Sick -negó -Did you find something in the teacher-cave?
-Your hurt my boobs! -se quejó, arreglándose un poco luego de aquel empujón. Soltó un leve quejido y se acercó a él para observar a la mujer. Casi sin querer, ella también le disparó a al cabeza. Le gustaba dispararle a los zombies -And yes. I found everything. I wasn’t that… wrong and there aren’t ovnis- explicó con cierta suficiencia y de lo más tranquila, como si una mujer-zombie no hubiese intentado matar a su cuñado en ningún momento. Y al recordar aquello, se acercó más a él para darle un rápido toque y curarle la herida.
El chico se puso en pie y estiró su brazo, movilizándolo, probando. Se sentía mejor, sin dudas.
-Thank you -chasqueó la lengua -Alright.. if you’ve got the answers, let’s get the hell out of here. This place scares the crap out of me -pateó el cadáver -That’s for biting me.
Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia las escaleras, subiéndolas con pesadez.
-Why Do I always have to be the one atacked by the zombie-bitches? Century question, suck that Einstein -hablaba solo.
“Solo… Me gustaría entender porqué no puedo conservar nada de lo que consigo. Porque siempre hago todo lo mejor que puedo y termino solo. Porque salió mal lo de Izzie? Porque fui una segunda carta? Porque no supe cuidar de Eden? Es como si.. Me dieran un caramelo, me lo enseñaran, me dejaran probarlo y cuando le encuentro el gusto, cuando empieza a gustarme, me lo sacaran. Como el trailer de una película y no poder ver nunca el final.. Solo quiero conservar algo por una vez, quiero hacer algo bien por una vez.”

THE WORDS I SHOULD HAVE SAID, PART III
El grito desgarrador pidiendo por Eden, la sonsacó de la bruma, de aquella oscuridad de la que dudaba poder escapar. Sin embargo, sus ojos estaban arrasados en lágrimas por el dolor físico: no sólo por el tiro que le habían dado, sino también por haber empujado tanto y realizar un sobre-esfuerzo con su maldita habilidad.
Su vista estaba hecha un tumbo, y su piel estaba sumamente blanca. Había perdido montones de sangre, e incluso, no dejaba de hacerlo.
Pestañeó muy lentamente dos veces, observando como aquellas burbujas de sangre salían de su muslo sin parar. Le dieron nauseas, pero eso no impidió que rompiese parte de su camiseta con las pocas fuerzas que le quedaban, para hacerse un fuerte torniquete en la herida. A esa altura del partido, poco le importaba perder la pierna, considerando que le habían dado claramente al hueso y a una de las arterias principales.
Abrió la puerta del auto, y con la vaga idea de apearse de él y quedarse de pie al hacerlo, fue directo al piso. El mareo era demasiado, más de lo que ella podía controlar. En la caída, cayó directo a un charlo de barro, por lo que se ensució la parte derecha del cuerpo, entera. Agarrándose del asiento del acompañante, Zoe se puso de pie como pudo, y zigzagueando, intentó no sollozar al ver a Adam se rodillas en el suelo, con un estropajo entre las manos, llorando desconsoladamente.
-Cariño -gimió ella, en voz muy baja en cuanto se dejó caer a su lado, de rodillas. Inmediatamente llevó su mano derecha al cabello de él, para acariciarlo con cariño y consuelo, apoyando su mentón en el hombro de Adam, desde atrás, acariciando con su otra mano torpemente, la espalda de Adam –Lo encontraremos ¿Si? Lo haremos -dijo ella esperanzada, dejando un beso sobre el hombro de Adam.
El muchacho se permitió sollozar por unos segundos más, la situación le sobrepasaba. La sola idea de perder a Eden le destrozaba a tal punto que ni si quiera sabía si sería capaz de ponerse en pie y caminar. Solo la idea a la que se aferraba de que estuviese bien y solo fuesen hirientes palabras de ese hombre, una vil mentira, le hizo ponerse en pie, tirando del brazo de Zoe para levantarla también, mirándola directamente a los ojos cuando tomó su rostro con ambas manos.
-Hold on, please -pidió con voz ronca, y aunque su mirada estaba tan perdida y desolada, se podía leer ruego y desesperación en sus ojos. La soltó no antes de dejar un momento la frente contra la suya, y se subió al asiento de piloto de aquella furgoneta. Si algo tenían los monos del sector cuatro, era que no se molestaban en sacar las llaves. Esperó a que Zoe se subiera y arrancó, acelerando, siguiendo las mismas huellas de neumáticos que había dejado ese mismo furgón.
En cuanto Adam apegó su frente a la de ella, Zoe lo había mirado con los párpados cansados, casi ida, haciendo fuerza para no desmayarse y fallarle en un momento tan difícil como ese. Incluso, había podido alzar su mano para acariciar las mejillas de Adam en un gesto de aliento, aunque sabía que en aquel momento nada sería suficiente.
Una vez en el coche, Zoe apoyó su cabeza echada hacia atrás, contra el asiento. Cerró los ojos, y no tardó en comenzar a respirar de una forma más pesada y ruidosa. Incluso, traspiraba, pero pronto frunció el ceño.
-In…Intentaré contactarlo si no te molesta -susurró ella, abriendo los ojos que pronto tenía marrones, casi negros, cuando ella ni siquiera lo sabía. El cambio en su cuerpo, en aquella esencia demoníaca estaba haciendo estragos. Parecía tener una especie de metamorfosis que no podía controlar, ni que mucho menos sabía de su existencia. Lo miró, de reojo, esperando su respuesta.
-Ya has hecho suficiente -contestó él, sin mirarla, con la vista clavada en el camino, había muchos obstáculos que esquivar -No voy a perderte. Lo.. Encontraremos, no puede estar lejos, lo siento.. Dentro de mi, no puedo explicarlo. Sé que está cerca. Tu solo.. -negó, parpadeando una vez con pesadez -Mantente viva, por favor. Por favor -rogó otra vez, apretando el volante en sus manos.
¿Cuando se había vuelto todo tan subreal? ¿Tan horrible?
No muy lejos de allí, el muchacho que lloraba con la cabeza en el pecho del que ya empezaba a estar frío dislumbró luces cerca, y con su cara roja y empapada de lágrimas se puso en pie a duras penas y movió los brazos, intentando llamar la atención. Era su tío, lo presentía.
Sonriendo de lado un tanto amargada, Zoe volvió su vista al frente, tomando una bocanada de aire. No sabía porqué, pero se sentía mejor. Tal vez había sido el efecto del torniquete; al no perder sangre, al menos todo se mantenía en su lugar. Comenzaba a acostumbrarse al mareo, por lo que ayudándose con las manos, se acomodó mejor en el asiento.
-Mala yerba, nunca muere -le contestó a Adam con aquel dicho, haciéndole saber que no lo haría -Prometo… Lo prometo -suspiró luego de unos segundos, relamiéndose los labios por más que no había ni siquiera saliva en su boca. Sus labios estaban tan pálidos y blancos como su rostro. Pronto, pudo respirar pesadamente pero disimulando el ruido, casi haciéndolo silenciosamente mientras escudriñaba el camino, por más atontada que estuviese, por el estado en el que se encontraba. Ella creía en Dios, claro que lo hacía. En su mente, rezó. Rezó por Adam, rezó por Eden, por encontrarlo vivo, prometiéndole darle a Dios lo que sea por encontrarlo bien, así Adam también lo estaría, y por ende, ella también.
Era una maldita cadena de la que no se quería hacer cargo, pero en el fondo de su corazón, lo hacía.
El pecho de Adam dio un vuelco cuando vio a alguien mover los brazos, y saltando pero con torpeza. Era.. ¿Era Michael? Paró el coche y miró un momento a Zoe.
-Quédate dentro -ordenó.
Abrió la puerta y salió a los tropezones, y en cuanto pisó el suelo le gritó a su sobrino.
-¡MIKE! ¿Estás herido? -avanzó caminando pero deprisa. Veia sangre en las ropas de Michael.
Empalideció completamente y de repente. Había otra persona tendida en el suelo. Reconoció ese jersey, reconoció esos jeans y esas zapatillas a pesar de la oscuridad.
-No. No no -echó a correr -NO!!! -se dejó caer al lado de Eden y lo tomó, notando que tomaba todo su peso -No. Eden -llamó, sonriendo nervioso, acariciando su mejilla, buscando sus ojos cerrados -Eden. Hey, estoy aquí pequeño. Estoy aquí. Vamos, despiertate. Ya puedes despertarte.
El otro adolescente se pasó la mano por el pelo angustiado, incapaz de parar el llanto.
-Oh my… -gimió Zoe con la voz entrecortada, cuando no creía que sus ojos podían estar más arrasados en lágrimas, lo hicieron.
Se bajó del auto, incorporando energías y fuerzas de quien sabe donde. Trotó, rengueando del lado derecho, mientras que el torniquete se safaba cada vez más. En cuanto vio a Eden en el suelo, se tapó la boca sorprendida con una mano, y sin dudarlo, abrazó con fuerzas al niño que ni siquiera conocía para abrazarlo y darles fuerzas y contención. Le daba miedo tocar a Adam, incluso acariciarlo. Sentía que… No debía hacerlo, que debía darle un momento.
-Cariño, vamos al auto, ¿si? -le dijo con la voz agarrotada a Mike, mirándolo con los ojos un tanto entristecidos –Vamos, vamos, soy Zoe -dijo en voz baja, tanto que no molestaría a Adam, que dudaba que la estuviese escuchando hablar. Acompañó a Mike hasta el auto, y negando con la cabeza al verlo sentado en el asiento trasero, no supo bien que hacer. Realmente… No tenía idea de cómo reaccionar -Quédate aquí, tesoro, demasiado tuviste, ¿si? Eres increíble, valiente -le dijo, besando su frente para pasar las manos por las mejillas de Mike –Quédate aquí, por favor -pidió, cerrando la puerta para dejarlo dentro del auto para ir hasta Adam de nuevo, muy despacio, más que nada, dudando de acercarse, casi pidiéndole permiso a Adam con las hojas que crujían bajo sus pies a medida que se acercaba.
Sin embargo, giró la cabeza por sobre su hombro para cerciorarse de que Mike siguiera en el auto.
Todavía no tenía idea de si Eden estaba vivo, muerto o sólo inconsciente… Lo único que hizo fue quedarse a un lado, atrás de Adam sin saber qué hacer, apretando con mucha fuerza sus propias manos que se entrelazaban, en una postura entristecida, destruída, balancéandose un poco hacia los costados por los constantes mareos.
Michael observaba por la ventana de en frente suyo, incapaz aún de detener sus sollozos. No podía ser cierto, era injusto. Demasiado injusto. En cuanto a Adam, ahora sostenía con más firmeza a su hijo en brazos, la cabeza de Eden estaba contra su pecho y el cazador dejaba besos uno tras otro en su frente. No había llorado, hasta que de un momento a otro rompió en llanto.
Estaba muerto, su pequeño estaba muerto. En sus brazos.
-No.. No te dejaré Eden. ¿Me oyes? Estoy aquí pequeño, estoy aquí contigo.. Estás a salvo -separó los labios de la frente de Eden para poder verle. Tan apagado, tan.. indefenso. Tan lejos de él aunque lo tuviese en sus brazos.
Además de no poder ver aquel masoquismo más –por más lógico que fuera-, no podía dejar que Adam se hiciera eso. Demasiado estaban pasando, no podía… No podía dejar que siguiese haciéndolo. Se dejó caer de rodillas a su lado, con cuidado, acariciando la mejilla de Eden mientras apretaba la mano de Adam con fuerza. Lo miró al Jones, y antes de hablar, tragó la poca saliva que tenía en la garganta.
-Adam… -articuló, dándole a entender de alguna u otra forma que deje de hacer eso –Ve a la camioneta ¿Sí? Mike te está esperando. Déjamelo… Déjamelo a mí -dijo, temiendo ser muy dura con lo que decía, aunque estaba siendo lo más sutil que ella podía dar, incluso con la voz.
Al ver que Adam se quedaba mirando el cuerpo de su hijo, sin expresión más que la tristeza en sus ojos, lo abrazó por el cuello, apegando su nariz al cachete de Adam para terminar por dejar un beso allí.
–No puedo dejar que te hagas esto, ¿si? -le dijo con dulzura, cuidado, separándose con suavidad para mirarlo con el labio inferior mordido, esperando a que… hiciera o dijera algo. Intentaba entenderlo, intentaba darle su espacio con su hijo, pero tampoco quería dejar que siga haciéndose sufrir, por más que era lógico lo que él estaba haciendo.
Pero Adam estaba muy lejos de poder escuchar la voz de Zoe.
“You’re a kid. My kid. Everything’s gonna be alright, ok?” No supo como ni cuando, pero Adam Jones se quedó a solas con el cuerpo de su hijo. La hemorragia había acabado por llevarse a Zoe a un sueño protagonizado por el agotamiento, y Michael Stevens también cayó rendido después de tantas lágrimas en el asiento, abatido por la herida que también le desangraba.
Podría decirse que fue un día triste, una noche llena de tristeza.. Pero esa palabra se quedaba corta a lo que realmente había sido. No era solo un padre perdiendo a su hijo, era un padre odiándose por haberlo perdido, odiando a la madre del niño por no haber estado nunca para él, odiando al destino, odiando cada partícula de su ser. Muchos se preguntarían de dónde había sacado fuerzas para cargar a Zoe en el coche, el cadáver de su hijo y soportar ver a los dos que seguían vivos agonizando. Y también se preguntarían porqué no había buscado consuelo o un arreglo en un cruce de caminos.
Porqué había sencillamente bajado los brazos. Pero eran preguntas que nunca tendrían respuesta, o quizá solamente estaban en el alma de ese joven, y en ningún otro lado.

THE WORDS I SHOULD HAVE SAID, PART II
Todo había pasado tan rápido que a la vez, había pasado lento. Se sentía torpe e incompetente al no haber alcanzado a, al menos, acercarse a Adam para ver lo que pasaba después de que cayera desplomado sobre el suelo. El Sector Cuatro –o lo que aparentaban ser aquellos cinco monos trajeados- habían sido lo suficientemente rápidos como para ganarle a la agilidad de la cazadora.
Alzó las manos en señal de que no estaba armada, espiando por el rabillo de su ojo a Adam, a aquel dardo que se hundía en su cuello. Pronto, la sangre le hirvió como nunca e incluyo profirió un gruñido tan sobrenatural que alarmó en cierta medida a los monos trajeados de atrás, los de rango más inferior, pensó Zoe. Si bien su esencia demoníaca era casi nula, yacía en ella. Yacía en ella y salía a relucir en aquellos momentos. Antes… No le había pasado eso, y incluso, dejó que el miedo la empapase de punta a punta, dándole un escalofrío que le recorrió la columna vertebral por más ruda que se viese.
Los ojos verde oliva se transformaron en un carmín inigualable, y rápidamente movió su mano hasta su pantalón, acercándola a su calibre nueve pero muy disimuladamente. Como por arte de magia, sus ojos carmines desaparecieron, para darle lugar a los verdes de siempre.
-¿Qué es lo que quieren? -rugió, fulminándolos con la mirada.
Era una mierda que no pudiese pelear contra el químico que ahora recorría las venas de Adam y no despertarlo por la fuerza, con aquella dominación mental que ella tenía de habilidad.
Sin decirles nada a los monos, los manipuló a todos mentalmente para que bajen las armas y para que no la jodan en cuanto acarició el cuello de Adam para quitarle el dardo lentamente. Se acomodó junto a él, sentada como indiecita para acostar la cabeza de él sobre su regazo, cuidándolo.
-Puedes usar tus trucos para desarmarnos -dijo el cabeza de los cuatro -Pero no podrás evitar venirte con nosotros -sonrió el mismo, humedeciéndose con frialdad los labios, en un gesto que parecía incluso ensayado. Notó que el cazador le miraba con rencor y se dirigió a él -Tu hijo ha sido de gran ayuda para encontrarte. A ti y a tu.. bicho -miró a Zoe un momento -Un chico muy inteligente, él y su.. Amigo -enarcó las cejas -Os seguían hacia aquí.
Adam apenas podía luchar contra el sueño que quería llevárselo, pero si algo podía obligarle a mantenerse, a no dejarse ir.. Era escuchar que mencionaban a su hijo. ¿Qué? No dijo nada, pero la mirada que le dedicó al grandulón pareció ser suficiente para que éste quisiera responder, o adivinara lo que debía decir.
-Si.. Usamos a tu hijo para encontrarte. Muy poco charlatán -opinó -Aunque ahora callará para siempre -le echó una mirada a uno de los suyos -Tomadla, y deshaceos de él -regresó la mirada al ex portador -Yo jamás dejaría que mi hijo vagase solo en un mundo tan peligroso.. Y mucho menos le dejaría morir solo.
No. No era cierto. Mentían. Eden no podía estar muerto. Él estaba prácticamente paralizado, pero su cabeza funcionaba a parte. La sangre empezó a hervirle y una migraña se desató en su sien. No.
La energía que una vez poseyó como llave se había debilitado. Prácticamente se había desvanecido, y así como los demás, él desconocía que cuando una llama no se apaga totalmente, una simple chispa puede volver a crear un fuego incluso más grande y poderoso del que hubo una vez.
Su cuerpo empezó a temblar de pies a cabeza.
-Pero tranquilo -volvió a hablar el de antes, mirando de perfil como tomaban a la otra cazadora contra su voluntad -El bosque se encargará de enterrarlo. Te ahorraré el verlo marchitarse.
-¡Noooo! -gritaba entre tanto la cazadora, con la voz rasposa, dándole patadas a los monos para que la soltasen. Pronto, uno de ellos descubrió su calibre 9 y sonrió, dándole un tiro directo en la pierna. Sin poder ni siquiera gritar ante el dolor, la cazadora entró en un llanto tan nervioso que daba bocanadas de aire para poder respirar -¡No le hagan nada, no le hagan nada! -chilló, luchando contra las punzadas en sus sienes ante el uso de su poder, logrando plantar aquella semillita en cada una de las cabezas de los monos. Lo agarrarían a Adam, claro que lo harían, pero al menos no lo lastimarían como a ella, ni tampoco intentarían matarlo -Ni tampoco a Eden, no se metan con Eden y tu Adam, no escuchaste todo esto -alzó la voz ligeramente, plantando la última semilla en todos los hombres de la habitación, pestañeando fuertemente de vez en cuando con la vaga intención de no caer desmayada.
Sin embargo, lo hizo. El mentón se le pegó al pecho y de pronto se volvió el doble de liviana para los monos que comenzaron a cargarla. El pantalón de jean de pronto era de color bordo, y no dejaba de salir sangre de a borbotones de la herida. Había plantado las semillas por la seguridad de él, tanto física como emocional. Al menos, no recordaría lo que los monos habían dicho sobre Eden, lo cual ella consideraba lo mejor al tener en cuenta el estado psíquico que traía Adam consigo durante el último tiempo.
Dudaba de poder sobrevivir ante tantos ‘empujes’ fuertes. Dudaba despertar.
–Metedla en el coche.
Adam apenas reconocía esa voz, su mente era un torbellino de preguntas, de miedos, de desesperaciones.. Sobretodo miedos. El don de Zoe no funcionaría con el, y no sabía si quería agradecerle que lo hubiese intentado. Lo que le sucedía a Adam Jones en ese momento, era lo que Abigail había denominado una vez fuerza secreta. La magia corría por sus venas, él nunca había sido el típico chico normal, y aunque pensó que al acabar su misión todo se desvanecería, no había sido así. ¿A caso algún día acabaría su misión?
Esos gorilas estaban jugando con dos cosas que no se debían tocar. Zoe y Eden. Desataban dentro de él una energía inóspita, y no se la guardó para él. De hecho, todo ocurrió muy deprisa. Uno de los compañeros de aquél que estaba al mando se acercaba a él para ponerle en las manos una especie de grilletes, pero no llegó a hacerlo. Si, todo ocurrió muy deprisa. Un halo inmenso de luz se apoderó de la casa, envolviéndolo todo, y a todos. Quizá habían pasado seis minutos, o tal vez solamente veinte segundos. Como fuese, Adam Stevens salió por la puerta de la cabaña con Zoe Williams tendida y recostada en sus antebrazos. Sus ojos estaban de un color azulado, pero con algunos tonos grisáceos.
Vio la inmensidad del bosque extendiéndose ante él y bajó la mirada a Zoe, cuando sus ojos se volvieron nuevamente suyos. Se pondría bien, tenía qué.
Al pasar por la derecha de la furgoneta de aquellos de los que nada más se sabía, divisó en los asientos de atrás a través del cristal la chaqueta de Eden. Arrugada, echa añicos. Como pudo, abrió la puerta casi arrancándola y tomó la tela de ropa. Eden.
–Eden.. -susurró, alzando otra vez la mirada –¡¡EDEN!!!

The words I should have said, Part I
Arriba de la mesa principal había una nota que Zoe no había visto. Rezaba:
”Estoy encontrando la forma de volver, encanto. Por ahora no puedo hacer más que contactarme contigo mentalmente. Si llegaste hasta aquí, has hecho bien. Ésta cabaña está encantada, pero no de la manera que ustedes piensan. Está encantada por mí. Sólo tú y Adam pueden verla. Si el Sector Cuatro viene hasta aquí, no verá más que césped y más pinos en su lugar. Y sí, el Sector Cuatro te busca, Zoe. Cuídate. Félix”
Resoplando y maldiciendo, el cazador guardó su linterna y se adentró en la cabaña, aprovechando que Zoe estaba de espaldas a él para hacerle burla. ¿A caso nunca pensaba hacerle caso? Pasó la mirada por el sucio.. ¿Salón? Sería el salón, suponía, por el viejo sofá y la chimenea gastada que todavía guardaba ceniza. Tiró su bolsa sobre la mesa.
-Sé que quieres ser completamente independiente, pero si vamos a tener esta relación de “Sexo-sin sentimientos”, tendrás que aceptar que yo pueda tenerlos por ti y quiera mantenerte a salvo -advirtió, sacando su cajilla de cigarrillos para prenderse un pucho y tardar en echar el humo, alzando la cabeza y soplando despacio, haciendo formas de “o” mientras lo echaba.
Suspirando un tanto malhumorada, Zoe puso los ojos en blanco para cerrar la puerta, avanzando hasta dónde él estaba, para plantarse frente a Adam y tomarlo suavemente de las mejillas.
Había tenido la idea de mandarlo a la mierda y ya, pero con aquellos ojos verdes tan lindos que tenía, no… no podía. Aparte, con lo que acababa de decir… Shit, no, no te sonrojes, Zoe, pensó, aunque ya era un tanto tarde. Sin embargo, el color rosado de sus mejillas se disimulaba un poco por la luz cálida del lugar
-Escucha, encanto… por más que no queramos admitirlo tan directamente no podemos negar que algo pasa aquí, incluso si no queremos que lo haga… Si lo hice es justamente por eso, porque quiero cuidarte -dijo, y sin querer ser empalagosa nuevamente, deslizó sus manos por el rostro de Adam para alejarse y sentarse sobre la mesa. Allí, descubrió el papel. Frunciendo el ceño, lo tomó entre sus manos y lo leyó, moviendo sus labios como acto reflejo de estar leyendo algo en voz extremadamente baja.
Él cerró los ojos en cuanto se separó y se sintió libre de respirar. No, otra vez esa sensación de estar atándose a alguien no. ¿Por qué? Maldita sea, porqué no podía simplemente disfrutar de una mujer sin sentir algo por ella.. Aunque realmente no era siempre así, casos excepcionales. Malditos casos excepcionales.
Se pasó dos dedos por los mentones de sus labios hasta bajar en esa desesperada caricia a si mismo a su cuello y enarcó levemente las cejas.
-¿Qué dice? -preguntó con voz ronca, por eso carraspeó y se acercó, dando una calada al pucho, ladeando la cabeza para intentar ver.
-Es Félix -contestó después de todo, con una sonrisa de lado a lado, luciendo más relajada. Le entregó la carta a Adam y le arrebató con cuidado el pucho de los labios, dándole una pitada -I have weed, you want some? -preguntó alzando las cejas, sin problemas de preguntárselo, con el cigarrillo entre los labios.
Frunciendo más y más el ceño a medida que leía la carta, alzó la mirada para verla algo desconcertado ante su “proposición”. No supo porqué algo tan estúpido como “hierba” le hizo caer de golpe en la realidad. Tragó y dejó el papel en la mesa, ladeando los labios en una mueca.
-Si. Claro, ve.. preparándola. Yo volveré al auto y sacaré las demás bolsas.. Si quieres puedes ir desempacando, aparentemente estaremos a salvo aquí -hizo un gesto con la mano hacia el pucho que Zoe tenía en los labios, como indicando que podía quedárselo.
Se pasó la mano por la nariz cogiendo aire por sus fosas nasales y se dio la vuelta, caminando para salir de la cabaña. Aquello no estaba bien. Estaba en mitad de la nada de San Diego, a salvo. Pero su hijo estaba solo en la organización de cazadores, ¿Como podía ser así de egoísta? ¿Como podía ser así de descuidado? ¿Así de cobarde? Le temía a todo. Al compromiso, a la soledad, a la compañía, a hacerse ilusiones, a volver a caerse de culo, al fracaso, a la decepción de los suyos hacia él. Allison, Veronica, Izzie. ¿Quién le decía que eso iba a llegar a alguna parte? Nunca había llegado más que a la nada.
Un día todo parecía estar bien, y al siguiente había tantos obstáculos que era imposible decidir cual empezar a esquivar o enfrentar.
Cuando se dio cuenta estaba abriendo el cajón del ferrari y sacaba las bolsas con sus dientes chirriando por la rabia, quería callar todos sus pensamientos, quedarse vacío. Del todo.
Cerró de un golpe, casi destrozando el maletero y le dio una patada a la carrocería, además de un par de puñetazos, para acabar apoyando las manos en la pintura roja y agachar la cabeza, peleando contra esa sensación de impotencia e incertidumbre.
Podía haber colaborado en salvar el mundo, pero seguía siendo un niño.
-¿Adam? -inquirió la voz de la cazadora preocupada, saliendo de la cabaña con el ceño fruncido al escuchar tanto estruendo. Sin embargo, Adam estaba tan ensimismado en el arranque de ira que tenía, que parecía no haberla escuchado. Sin poder ignorar todo aquello, Zoe trotó hasta él con algo de desesperación. Ella conocía esas situaciones… era claro que estaba atravesando una crisis de la que ella no tenía ni idea -Adam, Adam, tranquilo -lo acalló, encontrándolo con la espalda baja, apoyando sus manos en sus rodillas. Le alzó la espalda al tomarlo por los hombros y empujarlo suavemente hacia arriba para mirarlo a los ojos con un tanto de tristeza, pero también, con compasión al ver que él estaba a punto de largarse a llorar. Alzó sus manos para acariciarle el rostro suavemente, sin ser pesada, buscándole la mirada que él no quería atender en lo absoluto –I’m right here, you have me -le dijo, haciéndole saber que la tenía para lo que fuera -Talk to me -dejó ir en un suspiro. Adam no salía de sí, no la escuchaba e ignoraba sus caricias.
Comenzaba a ponerla nerviosa. Ella… ella quería ayudarlo.
(….)Él dejo la otra bolsa en el sofá y se acercó a ella con intenciones de decirle, quizá, lo que había significado esa mirada. Sentía ganas de ser sincero consigo mismo por una vez, de afrontar las cosas, de no huir como había hecho toda su vida.. Quería creer que ser sincero y no temer a sus sentimientos, por una vez, iba a ser algo bueno. Que su honestidad no acabaría en tragedia.
-Zoe, escucha, yo.. -comenzó.
Pero no acabó. Le sería difícil describir lo que sintió. Una mezcla de dolor y picazón. Se llevó la mano al cuello, a la cara derecha y notó algo duro, con una estructura que reconoció en seguida. Un dar.. ¿Pero qué diablos? Parpadeó, pensando que lo había hecho deprisa, pero en realidad sus párpados pesaron.
Sin darse cuenta le fallaron las rodillas y cayó sobre ellas al suelo, insistiendo en su parpadeo para pelear contra esa neblina. El que había disparado ese dardo, o quizá se trataba de uno de sus “colegas” se adentró en la cabaña con su calibre apuntando directamente a Zoe Williams.
-Mueve un dedo para armarte y devolverme el favor, y te rebiento los sesos -advirtió, casi sonriente.
Cuatro figuras más aparecieron a espaldas de ese primero, armados. Todos vestían de negro, desde sus pantalones hasta sus cazadoras o gabardinas. Dos de ellos eran castaños más bien claros y los otros tres, tenían el pelo tan negro como el carbón.
To be continued.

It’s so quiet here and I feel so cold. This house no longer feels like home.